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viernes, 15 de agosto de 2025

PÁGINA MUY INTERESANTE

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LA REVISTA DE HISTORIA

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sábado, 2 de agosto de 2025

LECTURAS RECOMENDADAS

Si eres amante de la lectura, de las novelas, y de la historia, no puedes perder la ocasión de leer estos libros.

El Ocho, de Katherine Neville, donde podrás entender lo ocurrido en una de las etapas más conocidas y fascinantes de la historia mundial: la Revolución Francesa.

Dime quién soy, de Julia Navarro, aquí podrás repasar acontecimientos y personajes importantes del S. XX, desde la Guerra Civil Española hasta la Caída del Muro de Berlín, pasando por la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Trilogía de Ken Follet:

La Caída de los Gigantes, de Ken Follet, novela histórica-bélica donde se narra los difíciles años de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

El invierno del Mundo, de Ken Follet, narra la historia de una familia en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial hasta los inicios de la Guerra Fría. El nazismo, el ataque sobre Pearl Harbor, la Guerra Civil Española y el desarrollo de las bombas atómicas son algunos de los acontecimientos históricos que aparecen en la novela.

El Umbral de la eternidad, historia de cinco familias, de Europa y EEUU, desde la construcción del Muro de Berlín hasta el año 2008.

Los poderes ocultos de Hitler, de Fermín Castro, libro de fácil lectura dónde nos muestra la increíble historia de uno de los personajes históricos más despiadados de la historia: Adolf Hitler.


Si alguien está interesad@, tengo algunos ejemplares en casa, que me los pida.

domingo, 27 de julio de 2025

PELÍCULAS RECOMENDADAS

 "El Patriota" película que narra la Guerra de Independencia de los EEUU, así como el nacimiento de EEUU como nuevo país.

"War Horse" del director Spielberg, refleja muy bien cómo se desarrolló la Primera Guerra Mundial y cómo era la vida durante la guerra.

"1917" película más o menos actual en la que nos narra cómo era la vida en las trincheras y el año tan importante 1917 para el final del conflicto.

"La vida es bella" obra de arte en la cual podemos ver las condiciones tan duras que tenían en los campos de concentración. ¿Cómo podemos reírnos en una película sobre un campo de concentración? Lo dicho, una obra de arte.

"Pearl Harbor" superproducción de Hollywood que narra uno de los acontecimientos más importantes de la Segunda Guerra Mundial, el ataque japonés sobre la base naval estadounidense de Pearl Harbor.

jueves, 24 de julio de 2025

TEMA 1 CONCEPTO DE ANTIGUO RÉGIMEN

(Lectura aproximada de 5 minutos)

El término o concepto de Antiguo Régimen (Ancien Régime, antiguo régimen, viejo orden, en francés) nació en la época de la Revolución Francesa con un sentido negativo para hacer referencia a un orden que se quería eliminar.

Entre el público en general existe una cierta confusión sobre lo que significa el Antiguo Régimen, ya que, en más de una ocasión, se aplica al régimen franquista cuando en realidad obedece a otra realidad histórica bien distinta. 

Los historiadores, por su parte, designan con este término el conjunto de estructuras e instituciones económicas, sociales y políticas existentes en Europa desde fines del siglo XV y principios del siglo XVI hasta los grandes procesos revolucionarios y de transformaciones que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XVIII.

Características del Antiguo Régimen

El Antiguo Régimen tiene las siguientes características:

  • Economía eminentemente agraria, tanto por el origen de la riqueza como por la importancia de la población rural.
  • Estructura social de tipo estamental, en la que las diferencias se establecerían en virtud del origen familiar, más que por la capacidad, la riqueza o el talento personales, organizándose la sociedad en tres estamentos, estados o brazos -clero, nobleza y estado llano o tercer estado-, cuya línea divisoria estaría en la posesión o no de derechos o privilegios.
  • Una forma de gobierno basada en la monarquía absoluta, en la que el origen de la soberanía no dependería de la voluntad de los gobernados (súbditos y no ciudadanos), por lo que no estaría limitada en el ejercicio de sus funciones.

Polémicas conceptuales del Antiguo Régimen

El concepto Antiguo Régimen, al aplicarse a un período temporal tan amplio y en un espacio -el europeo- tan heterogéneo ha generado no pocas polémicas historiográficas.

Algunos los historiadores más conservadores suelen rechazar el término por considerar que tiene una carga negativa. La historiografía marxista no lo rechaza, aunque siempre ha preferido emplear otros, como feudalismo, feudalismo tardío y, sobre todo, transición del feudalismo al capitalismo, es decir, el período en el que cambiaría el modo de producción feudal al capitalista, incidiendo en la continuidad con la Edad Media.

¿Cuándo terminó el Antiguo Régimen?

Otra crítica o, más bien, matización y en relación con los límites temporales del período, intentaría demostrar que el Antiguo Régimen fue más resistente y perduró más de lo que se piensa.

En algunas zonas de Europa, el Antiguo Régimen mantendría algunas características y persistencias hasta la Primera Guerra Mundial, momento en el que quedaría ya completamente liquidado.

Esta persistencia tendría que ver con que no se dieron revoluciones liberales en esos lugares o fueron precarias, estableciéndose pactos con fuerzas sociales y aspectos del pasado.

Los casos más evidentes se encontrarían en Europa central y oriental, aunque también se pueden rastrear reminiscencias del pasado del Antiguo Régimen en los estados del sur europeos, como Portugal, España y en la propia Italia unificada.

Lee el texto y contesta las siguientes preguntas:

  1. ¿En qué época apareció por primera vez el término de Antiguo Régimen?
  2. ¿Entre qué siglos se desarrolla principalmente esta etapa de la historia?
  3. ¿Cuántas características tenía el Antiguo Régimen?
  4. ¿Cómo se le conoció también al Antiguo Régimen según algunos historiadores?
  5. ¿Qué países europeos tardaron más tiempo en eliminar el Antiguo Régimen?


miércoles, 23 de julio de 2025

TEMA 1 LA VIDA EN EL ANTIGUO RÉGIMEN

(Tiempo estimado de lectura 11 minutos)

El sol apenas despuntaba sobre los campos de trigo de San Martín de la Vega, un pequeño feudo olvidado por el tiempo, cuando Martín se ajustó las gastadas botas de cuero. A sus diecinueve años, el peso del mundo ya encorvaba sus hombros. Martín pertenecía al tercer estado, el estamento de los plebeyos, los que no tenían sangre azul ni portaban hábitos, pero cuyo sudor sostenía todo el reino.

La vida en aquel invierno de 1774 era un reflejo fiel de la economía de subsistencia que asfixiaba a Europa. El año anterior, una terrible plaga de gorgojo y una sequía implacable habían arruinado la cosecha. En el hogar de Martín, el pan no era un alimento cotidiano, sino un milagro esquivo. Su madre mezclaba la poca harina que les quedaba con serrín y legumbres secas para estirar las raciones. No sembraban para comerciar ni para prosperar; sembraban para no morir de hambre antes de la próxima primavera. Cada grano era contabilizado con desesperación, pues los mercados locales estaban desiertos y el transporte a otras regiones era un lujo imposible debido a los caminos intransitables y a las aduanas interiores.
Sin embargo, el hambre de la tierra no eximía a los hombres de sus obligaciones fiscales. A media mañana, el tañido de las campanas de la iglesia anunció la llegada de los recaudadores. Martín acompañó a su padre a la plaza del pueblo. Allí, sentado tras una mesa de roble, se encontraba el intendente del Duque de Albaida, el señor feudal de la región. A su lado, un párroco asentía con severidad.
La sociedad estamental se manifestaba en esa plaza con una crueldad silenciosa. Aquella pirámide social era inamovible, determinada por el nacimiento. En la cúspide espiritual y material estaban la nobleza y el clero, los estamentos privilegiados. Ellos poseían la mayor parte de las tierras, controlaban los tribunales locales y, por encima de todo, no pagaban impuestos. Al contrario, vivían de ellos. El padre de Martín entregó con manos temblorosas el diezmo —la décima parte de su mísera cosecha destinada a la Iglesia— y los derechos señoriales para el Duque por el uso del molino y el lagar.
—Si os lleváis esto, mi señor, no tendremos qué comer en febrero —suplicó el viejo agricultor.
El intendente, vistiendo casaca de seda azul y encajes limpios que contrastaban con la miseria que lo rodeaba, ni siquiera lo miró.
—La ley del reino no entiende de inviernos duros, villano. Todo es para la gloria de la Corona y el mantenimiento del orden natural dictado por Dios —respondió con desdén.
El orden del que hablaba nacía muy lejos de allí, en los salones de espejos del palacio real. El reino estaba bajo el yugo de la monarquía absoluta. El rey concentraba en su sola persona todos los poderes del Estado: legislaba, gobernaba y juzgaba sin rendir cuentas a nadie más que a Dios, de quien decía emanar su soberanía. Su voluntad era la ley suprema. Mientras en Versalles o en Madrid la corte gastaba fortunas en banquetes, pelucas empolvadas y guerras dinásticas, los edictos reales firmados con el sello absolutista bajaban hasta las provincias para exigir más levas de soldados y más plata de los hombros del tercer estado. Los súbditos no tenían derechos, solo deberes; no eran ciudadanos, eran posesiones del monarca.
Aquella noche, la tensión estalló. El rumor de que el grano almacenado en los graneros del Duque iba a ser exportado para pagar las deudas de la corte encendió la mecha de la desesperación. Martín, empujado por los llantos de sus hermanos pequeños, se unió a una turba de campesinos armados con guadañas y antorchas que marchó hacia el castillo señorial. Era una jacquerie, una de esas revueltas de hambre ciegas e inútiles que salpicaban el Antiguo Régimen.
—¡Queremos el trigo! ¡Nuestros hijos mueren! —gritaban a las puertas de la fortaleza.
La respuesta de la monarquía absoluta no se hizo esperar. El Duque no necesitó parlamentar; los privilegios de su estamento estaban protegidos por la espada del rey. Al amanecer, un regimiento de la caballería real llegó al galope. Con uniformes impecables y mosquetes cargados, disolvieron la protesta sin piedad. Para el rey absoluto, cualquier protesta no era una demanda de justicia, sino un acto de traición a la autoridad divina que él representaba.
Martín logró escapar corriendo por los bosques, pero su padre fue arrestado. Días después, la plaza del pueblo volvió a llenarse, esta vez para presenciar los azotes públicos a los rebeldes. Martín observó desde la multitud, tragándose las lágrimas y la rabia. Miró al intendente noble, miró al cura que bendecía el castigo y pensó en el rey lejano cuyo retrato presidía el ayuntamiento.
El Antiguo Régimen parecía eterno, cimentado sobre el miedo, el hambre de la subsistencia, la desigualdad de los estamentos y el poder incontestable del absolutismo. Pero mientras Martín regresaba a su cabaña para repartir las últimas costras de pan, una chispa de resentimiento quedó grabada en sus ojos; una chispa silenciosa que, unas décadas más tarde, encendería el fuego de la revolución para cambiar el mundo para siempre.
El sol de la tarde golpeaba los vitrales de la capilla privada del castillo, proyectando luces de colores sobre el suelo de mármol. Mientras los campesinos se agolpaban en la plaza del pueblo cargando sus míseros sacos de grano, en el interior de la fortaleza se cruzaban las dos caras del privilegio: la nobleza y el clero.
Don Rodrigo de Albaida, el duque, observaba el bullicio desde el balcón superior mientras saboreaba un vino importado. Vestía una casaca de terciopelo burdeos con botones de plata y una peluca empolvada que ocultaba sus canas. Para él, los hombres que sudaban en los campos no eran muy diferentes del ganado; existían por designio divino para labrar la tierra y sostener la grandeza de su linaje. La exención de impuestos era su derecho de nacimiento, la recompensa por una lealtad de siglos que sus antepasados habían ganado con la espada, aunque ahora esa espada solo sirviera de adorno en las galas de la corte.
A su lado, sentado en un sillón de cuero labrado, se encontraba monseñor Anselmo, obispo de la diócesis y segundón de otra de las grandes familias nobles de la provincia. La Iglesia católica, el estamento del clero, compartía con la nobleza la cúspide de la sociedad estamental. Controlaba las almas, pero también inmensas extensiones de tierras y propiedades urbanas que no pagaban un solo real a las arcas del rey.
—La impaciencia de la plebe es peligrosa este invierno, monseñor —comentó el duque, señalando a la multitud con su copa—. Se quejan del precio del pan como si el clima fuera culpa de este gobierno. Si rebajo los derechos señoriales sobre el uso del molino, la Corona pensará que pierdo el control de mis tierras.
El obispo Anselmo dio un sorbo a su copa antes de responder con voz pausada y paternal, la misma que usaba desde el púlpito para exigir resignación.
—El hambre es una prueba del Altísimo, querido duque, una penitencia para purgar los pecados del orgullo. Esta misma mañana mis párrocos han recordado a los fieles que el orden social ha sido dispuesto por la Providencia: el rey gobierna por derecho divino, la nobleza defiende el reino y el clero reza por la salvación de todos. El deber del tercer estado es obedecer y trabajar. Cuestionar esto es cuestionar a Dios.
—Bien dicho —asintió el duque, aliviado—. Además, las exigencias de la monarquía absoluta no dan tregua. El mes pasado, los ministros de Su Majestad exigieron un "donativo voluntario" a la nobleza para financiar la última campaña militar en América. Si bien estamos exentos de la talla y de los pechos ordinarios, mantener el favor en la corte de Madrid me cuesta una fortuna. No puedo permitirme perder ni un celemín del trigo de este feudo.
—La Iglesia ya cumple su parte recaudando el diezmo —añadió el obispo con una sonrisa gélida—. Una parte de ese grano asegura el sustento de los monasterios y el resto se guarda en las paneras eclesiásticas. Si los villanos se rebelan contra la escasez, la Santa Madre Iglesia sabrá recordarles el castigo del infierno para los insubordinados. Y si la fe no basta, los mosquetes del rey harán el resto.
Ambos hombres personificaban el engranaje perfecto del Antiguo Régimen: un pacto implícito entre el altar y el trono. La nobleza aportaba el control territorial y el prestigio militar; el clero, la legitimación ideológica y moral que adormecía las conciencias. Juntos formaban un bloque impenetrable del dos por ciento de la población que poseía el ochenta por ciento de la riqueza, blindados por leyes particulares y tribunales propios.
Mientras compartían viandas y discutían sobre las intrigas palaciegas de la corte absolutista, las ventanas del castillo amortiguaban el eco lejano de los estómagos vacíos. Para Don Rodrigo y Monseñor Anselmo, aquel orden estamental y aquella economía de subsistencia que ahogaba a Martín y a los suyos eran simplemente el funcionamiento natural y eterno del mundo. Un mundo que creían inmutable, ignorando que el resentimiento acumulado al otro lado de sus murallas estaba a punto de devorarlos.
Contesta las preguntas:
  • ¿A qué estamento de la sociedad del Antiguo Régimen pertenecían Martín y su familia?
  • ¿Por qué la madre de Martín se veía obligada a mezclar la harina con serrín y legumbres?
  • ¿Qué tributo específico cobraba la Iglesia a los campesinos y qué porcentaje de la cosecha representaba?
  • ¿En qué consistía el principio del derecho divino mencionado por el obispo Anselmo?
  • ¿Qué beneficio fiscal unía a la nobleza y al clero frente al tercer estado?
  • ¿Cómo se justifica en el texto que las decisiones del rey fueran la ley suprema del reino?
  • ¿Cuál fue el detonante que llevó a los campesinos a iniciar la revuelta nocturna (jacquerie)?
  • ¿Cómo reaccionó la monarquía absoluta ante la protesta violenta de los aldeanos?
  • ¿De qué manera justificaba el obispo Anselmo el sufrimiento y el hambre del pueblo desde el púlpito?
  • ¿Qué porcentaje aproximado de la población y de la riqueza concentraban los estamentos privilegiados según el relato?
  • domingo, 20 de julio de 2025

    TEMA 1 CARTAS FILOSÓFICAS: VOLTAIRE Y JUSTIFICACIÓN SOCIEDAD ESTAMENTAL

     “En Francia, un noble es muy superior a un negociante. Yo no sé sin embargo quién es más útil a un Estado; el señor bien engalanado que sabe con precisión a qué hora se levanta el rey, y que se da aires de grandeza, o un negociante que enriquece a su país, da órdenes en El Cairo, y contribuye a la felicidad del mundo.”

     

                                                            Voltaire. Cartas filosóficas. 1734.



    Es necesario que haya orden en todas las cosas (…), es imprescindible que unos ordenen y otros obedezcan. Los que mandan tienen varios niveles: los soberanos señores dirigen a todos los de su Estado, dirigiendo su dominio de los grandes, los grandes a los mediocres, los mediocres a los pequeños y los pequeños al pueblo (…). Unos están dedicados al servicio de Dios; los otros a conservar el Estado por medio de las armas, otros a alimentarlo y a mantenerlo mediante los ejercicios de la paz. Esas son nuestras tres órdenes de Francia”.


    Charles Loyseau, Tratado de órdenes y simples dignidades, 1610.

    martes, 15 de julio de 2025

    TEMA 1 BATALLA DE ALMANSA

    "...Los años 1705 y 1706 fueron particularmente infortunados para las fuerzas franco-españolas de la Península. Hacia finales de 1705 la armada británica posibilitó la captura de Valencia y Barcelona y en el verano de 1706 el ejército portugués ocupó Madrid; un momento particularmente triunfal para los soldados portugueses, que apenas podían creerse que hubieran derrotado a la poderosa monarquía española […]
    Temiendo lo peor, en febrero de 1706 Luís XIV nombró a Berwick mariscal de Francia y lo envió a España para que dirigiese la campaña contra los portugueses; un año después, el rey francés desplazó a España un nuevo contingente de soldados franceses al mando de su sobrino, el duque de Orleáns […]
    Al alba del 25 de abril, Berwick situó sus efectivos en un terreno elevado con vistas a la llanura que se extiende ante la localidad de Almansa. Era mediodía antes de que las fuerzas de Galway alcanzaran la llanura y se alinearan aproximadamente a kilómetro y medio de la posición del ejército borbónico […]
    La batalla, que comenzó a primera hora de la tarde y duró unas dos horas, dio como resultado una derrota completa de las fuerzas de Galway […]
    En Almansa, el mariscal duque de Berwick salvó la sucesión borbónica. Años después, Federico el Grande Prusia la describió como la batalla más impresionante del siglo...".

     KAMEN, H. Libro “Imperio. La forja de España como potencia mundial”

    UNA VEZ ESTUDIADA LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII, COMENTA EL SIGUIENTE TEXTO SOBRE LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA.



    sábado, 12 de julio de 2025

    TEMA 1 BATALLA DE YORKTOWN

    Comenta el siguiente texto:

    El 14 de septiembre, Washington llegaba a Williamsburg en Virginia. El 26 de aquel mes llegaba la artillería, soldados y suministros franceses, incrementando el poder del ejército rebelde. Aunque no se suele hacer mención de ello, es importante resaltar la importancia de la ayuda española para el triunfo final de los insurgentes continentales. Los fondos y avituallamientos aportados por Francisco de Saavedra resultaron vitales para permitir a la flota francesa del almirante de Grasse trasladarse desde el Caribe, y permitir el triunfo final sobres los ingleses.
    Ya para entonces su número ascendía a casi unos 19 mil soldados, una cantidad temeraria. Dos días más tarde Washington empezaba a rodear Yorktown, tomando los
    franceses el flanco izquierdo y los americanos el derecho. Las baterías se ajustaron desde posiciones clave, pues Washington creía que podría rendir a los británicos sólo con el bombardeo.
    Las tropas terrestres independentistas y sus aliadas francesas más la artillería de sitio francesa, todas bajo el mando del general George Washington, quien tenía la ayuda de experimentados jefes europeos, como Viomenil, Saint Simon, Lameth, De Lauzan, Von Steuben, Noailles, Lafayette, Montmorency y otros, en colaboración con la flota francesa del almirante galo conde De Grasse, cercaron a las tropas británicas al mando del teniente general Charles Cornwallis en un asedio que duró desde el 28 de septiembre hasta el 17 de octubre de 1783, en que se iniciaron las negociaciones que culminaron dos días después con la capitulación británica.
    El gobierno inglés aceptó los términos del Tratado de París, firmado el 3 de septiembre  de 1783, que puso fin oficialmente a la guerra.


    miércoles, 9 de julio de 2025

    TEMA 1 AGRICULTURA DEL ANTIGUO RÉGIMEN

    A comienzos del siglo XVIII, la agricultura era la base de la economía del Antiguo Régimen. Los bajos rendimientos agrarios, unidos al escaso desarrollo del mercado interior, obligaron a destinar la mayor parte de la producción al autoconsumo. En definitiva, esos factores, así como el uso de herramientas y técnicas rudimentarias, llevaron a que se generalizara una agricultura de subsistencia.

    La nobleza y el clero eran los propietarios de las tierras de cultivo, mientras que el campesinado debía pagar rentas por trabajarlas. Como se ha indicado, esto hacía que la agricultura fuera tradicional y no interesara la modernización, pues los agricultores no eran sus verdaderos propietarios.  Además, el sistema de cosecha se basaba en un cultivo de rotación trienal con barbecho. 

    Los rasgos señalados anteriormente -propiedad de la tierra y bajos rendimientos-, llevaban a que, de manera periódica, se produjeran crisis de subsistencia. En esos momentos de crisis, se acentuaba la miseria y el hambre, lo que daba como resultado revueltas populares de los grupos no privilegiados.

    La agricultura en el Antiguo Régimen presentaba diversas características que definían el sistema agrario de la época. Estas son algunas de las principales características:

    1. Dominio de la propiedad de la tierra por la nobleza y el clero: La mayoría de las tierras estaban en manos de la nobleza y el clero, lo que les otorgaba un gran poder económico y político. Los campesinos, en su mayoría, trabajaban la tierra como siervos o arrendatarios, estando sujetos a las obligaciones y demandas de los propietarios.

    2. Sistema feudal de tenencia de tierras: El sistema feudal establecía una relación de dependencia entre los señores feudales y los campesinos. Los campesinos trabajaban la tierra y entregaban una parte de sus productos o pagaban impuestos a los señores a cambio de protección y el derecho a utilizar las tierras.

    3. Uso de técnicas agrícolas tradicionales: La agricultura en el Antiguo Régimen se basaba en técnicas agrícolas tradicionales que habían sido utilizadas durante siglos. Las innovaciones y mejoras en la producción agrícola eran limitadas, lo que resultaba en bajos rendimientos y una productividad generalmente estancada.

    4. Fragmentación de la tierra: La tierra estaba dividida en pequeñas parcelas, lo que dificultaba la adopción de métodos de cultivo más eficientes. La fragmentación de la tierra también era consecuencia de la herencia y la división de la propiedad entre los sucesores.

    5. Rotación de cultivos limitada: La rotación de cultivos, una práctica agrícola beneficiosa para la fertilidad del suelo, era limitada en el Antiguo Régimen debido a las restricciones de la tenencia de la tierra y a la falta de conocimientos científicos sobre los beneficios de la rotación de cultivos.

    6. Dependencia de las condiciones climáticas: Los agricultores dependían en gran medida de las condiciones climáticas y las variaciones estacionales para la producción de cultivos. Las malas cosechas, las sequías y otros desastres naturales podían tener un impacto significativo en la subsistencia de los campesinos y la disponibilidad de alimentos.

    En general, la agricultura en el Antiguo Régimen se caracterizaba por la dominación de la propiedad de la tierra por la nobleza y el clero, la dependencia de los campesinos, el uso de técnicas tradicionales y la falta de innovación agrícola. Estas características contribuyeron a las desigualdades sociales y económicas de la época.