“En Francia, un noble es muy superior a un negociante. Yo no sé sin embargo quién es más útil a un Estado; el señor bien engalanado que sabe con precisión a qué hora se levanta el rey, y que se da aires de grandeza, o un negociante que enriquece a su país, da órdenes en El Cairo, y contribuye a la felicidad del mundo.”
Voltaire.
Cartas filosóficas. 1734.
Es necesario que haya orden en todas las cosas (…), es imprescindible que unos ordenen y otros obedezcan. Los que mandan tienen varios niveles: los soberanos señores dirigen a todos los de su Estado, dirigiendo su dominio de los grandes, los grandes a los mediocres, los mediocres a los pequeños y los pequeños al pueblo (…). Unos están dedicados al servicio de Dios; los otros a conservar el Estado por medio de las armas, otros a alimentarlo y a mantenerlo mediante los ejercicios de la paz. Esas son nuestras tres órdenes de Francia”.
Charles Loyseau, Tratado de órdenes y simples dignidades, 1610.
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