miércoles, 8 de abril de 2015

DIARIO DE UN "VERDUGO"

ASÍ GUILLOTINÉ A LUIS XVI

Henri Sanson era hijo, nieto y bisnieto de verdugos. Mató a 2.918 personas, entre ellas a María Antonieta, Robespierre y Luis XVI, a quien conocía bien. Pero la ejecución de éste (1793) le conmovió tanto que escribió unas cartas para contar su ejemplar comportamiento sobre el patíbulo. La casa Christie’s las subasta el próximo miércoles y podrían alcanzar un precio de 170.000 euros.

El verdugo de Luis XVI se indignó al leer que los periódicos del furor jacobino atribuían al rey haberse comportado como un cobarde en el cadalso. No era verdad que fuera conducido por la fuerza a la guillotina con una pistola en la nuca. No era cierto que el Borbón hubiera gritado de miedo como una gallina cuando ajustaron su cuello en el hueco de la decapitación. Era mentira que la ejecución hubiera degenerado en una escabechina por la impericia del ejecutor.
"El rey afrontó toda aquella situación con una compostura y un temple que nos dejó atónitos a cuantos allí nos encontrábamos. Sigo convencido de que aquella firmeza suya la había extraído de los principios de la religión". Habla Charles Henri Sanson, otorgándose a título expiatorio un lugar pasivo en el ceremonial regicida. Se encontraba allí como tantos otros franceses, pero nadie si no él tenía la responsabilidad de manejar la guillotina sobre la cabeza de Luís XVI aquella mañana opaca de 1793. Al menos, el protagonismo del sacrificio permitió al ejecutor parisino escribir una carta rectificando las informaciones partidistas y amarillistas que habían aparecido entre las páginas del diario Thermomètre du jour.
"Su Majestad subió al patíbulo", continúa la carta, "y quiso abalanzarse sobre la parte frontal como si pretendiera pronunciar un discurso. Se le dijo que aquello no era posible. Entonces se dejó conducir hasta el lugar donde fue atado, desde donde exclamó con voz muy alta: ‘Pueblo de Francia, muero inocente’. Después, volviéndose hacia nosotros, dijo: ‘Caballeros, soy inocente de todo cuanto se me ha acusado. Desearía que mi sangre sirviera para consolidar sobre ella la felicidad de todos los franceses".
EL DECÁLOGO SANSON DEL BUEN VERDUGO

  • El reo viaja en la misma carreta que el verdugo durante el trayecto al patíbulo.
  • Se despoja al condenado de la ropa, menos el pantalón y la camisa.
  • Se le atan las muñecas a la espalda.
  • Se le corta el cabello en el caso de que lo tenga largo.
  • Se le despoja del cuello de la camisa para facilitar el trabajo.
  • Se le sujeta boca abajo en un banco paralelo al suelo.
  • Una vez manipulada la guillotina, se exhibe al público la cabeza del reo sujetándola del cabello.
  • En caso de que el condenado sea calvo, el verdugo sujeta la testa por las orejas.
  • Finalmente, se introduce la cabeza en una cesta grande.
  • El cuerpo del condenado termina enterrado en una fosa común. 

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